18.8.06

in conciente bondi

I.

A mi siempre me quedan anécdotas de los colectivos. No sé porque. Será que son tan públicos y la gente habla tan alto y las conversaciones son tan invasoras... Iba leyendo "El viejo y el mar" y al llegar a la mitad del párrafo, ya estaba dispersa en la conversación que tomaba lugar mi lado. Para peor, eran de esos asientos de cuatro enfrentados, tipo cafecito, y yo iba del lado de la ventana mirando hacia adelante, y las que hablaban estaban una a mi lado y la otra en diagonal. Y, encima, se acababan de encontrar y se notaban que se conocían pero no tanto y que hacía bastante que no se veían. Vieron como es la gente en esas situaciones extrañas: "y cómo está tal", "y qué pasó con", "y, al final, cómo", y demás etcéteras.

El "y cómo está" de ellas hablaba de las hijas de una. Y esa una decía que cómo podía ser que uno le da a los hijos todo y que ellos después no le agradecen. Y, qué sé yo... Me perdí un poco con eso, porque como que no. Como que está bien eso del agradecimiento, pero como regla general de las personas. Pero eso de que los padres estén siempre esperando tal o cual cosa... Es el problema de los padres: siempre esperan que los hijos sean y hagan. Y no se dan cuenta que los hijos son... personas independientes, vamos a ponerle. Y que, probablemente, lo que los hijos sean tiene mucho que ver con lo que ellos son, y lo que ellos les enseñaron... o no.

Así que eso. Que dejen a sus hijos ser un poco.

(sí, sí, debería ser más extenso y profundizar más, pero no es la intención de este relato)

II.

Las señoras seguían hablando de las hijas de una y la señora madre le decía a la señora preguntona que una de sus hijas era inteligente, pero vaga, y la otra estudiosa (y, parece, porque nunca se dijo explícitamente, menos inteligente). Y decía que le molestaba, porque sin hacer nada sacaba las mismas notas que la estudiosa. La señora preguntona asentía y decía "es que la inteligencia no sirve" y la señora madre asentía y las dos parecían muy de acuerdo en que la inteligencia no importa, no sirve de nada, que lo único que vale es el esfuerzo y el trabajo. Yo les quería decir a las señoras que la inteligencia es muy útil, que es muy lindo desarrollarla y que lo que estaría es que uno aprendiera a aprovechar esa inteligencia y a no caer en la vagueza. No, señoras, no digo que esta bueno que los inteligentes se rasquen, estaría genial que siemre encuntren nuevos desafíos para superarse. Lo que digo, sras., es que me parece es que decir que "la inteligencia no sirve" suena poco fuerte, y está un mucho errado...

III.

Justo en ese momento doblaba el bondi por plaza San Martin, y la veo llena de granaderos. "Upa", pensé, "claro, es el cumple de SanMar". Y me empecé a perder en ese pensamiento, en que SanMar me cae bien (le voy a cambiar el nombre al blog... sras., sres., bienvenidos al mecaebien nofanzine), que tuvo cosas re grossas, y Bolivar también, ya que estamos. Y me colgue con que, qué putada, porque mierda hay tanta remera pop del Che y ninguna de SanMar, que al fin y al cabo tuvieron una actitud y unas historias parecidas. 'Tá bien, lo de SanMar está menos documentado y tiene unos baches más oscuros, pero él y Bolivar fueron un poco los Fidel y el Che de su época. Con la diferencia de que me pá que Bolivar era más copado que Fidel... Y depués seguí delirando y me dije uhsíquébueno, vamo' a hacer remera' del SanMar y de Bolivar y de Mariano Moreno, que es lo más de lo más y lo requiero y me cae superrequeterecontrarearchirebien. Y entonces me dije "a por el estencil de Moreno!!! qué viva la historia, carajo!!". Y volví a la lectura (así de abruptamente).

Dos renglones después me detuve, porque me tenía que bajar.



(no es intención de este texto profundizar en ningún tema. sólo quería reflejar superficialmente un de las tantas maneras en las que vaga mi mente cuando viajo en colectivo)



(señores pasajeros, no les vengo a ofrecer, les vengo a regalar, por un exceso de stock y remate de aduana, las únicas, las inigualables remeras de Moreno. para el bolsillo de la dama o la cartera del caballero, esta prenda indispensable en cualquier guardarropa, aquí accesible, por únicavez, en todos los colores y todos los talles, a cinco pesito', nada más. sí, señora, ya le entrego...)