29.11.06

speranza... sangue... Turandot!

Soy una niña, lo comprobé una vez más ayer. Recibí al director de la orquesta con los mismo aplausos que el resto, pero con una sonrisa que ni que estuviera viendo a Mickey en Disney On Ice a los siete. De ahí en adelante, la magia.

Devoré la historia de la cruel princesa que cambia gracias al verdadero amor (es como la inversa de Lizzie Bennet y Mr. Darcy, con unos cuantos asesinatos en el medio) como si me estuvieran contando por primera vez La Cenicienta. Todo era increíble y nuevo y fantástico y hermoso.
Y no lloré con Nessun Dorma. Pero se me puso la piel de gallina. Y se me hizo un nudo en la garganta. Y cosita en el pecho. O sea, no lloré, pero fue medio de casualidad.

Lo único que cortaba el encanto era la señora de al lado que les iba explicando todo a los hijos ("ese es el protagonista", "esa es la princesa", etc.), o el ocasional desubicado que aplaudía en cualquier momento. A decir verdad, todos me molestaban: detesto que la gente aplauda en el medio de la ópera. Viejo, esperen a que venga el final del acto. Es como la gente que va a ver El lago de los cisnes, y aplaude el pas de deux del cisne negro debido a sus veinticinco vueltitas. Pero después se me fue esa sensación, porque empecé a pensar que quién era yo para decir nada. Si yo me emocioné con Nessun dorma, por qué ellos no habrían de estarlo, también. Y si su manera de expresar la emoción era por medio del aplauso, bien. Nada más liberador. Así que quedé en paz con el mundo y seguí mi camino.

Hasta que repitieron Nessun dorma. Al igual que Solo (lean su comentario de texto aquí debajo), no me gustó el bis al instante. Peeeero... como me decía mi veja hoy: eso se hacía en el siglo XVIII. Si un aria gustaba se repertía dos, hasta tres veces. Porque la ópera tenía una cosa popular... o sea, estaba en las clases altas (que tampoco es que sean el summum de la educación, ni ahora ni antes), pero también en las bajas. Como las obras de Shakespeare, que durante mucho tiempo fueron tomadas como si fueran sólo aptas para una clase sumante culta e intelectual. En fin, volviendo... Nada. Tal vez el ambiente pop del Luna, con sus cocacoleres y pancheros y ¡pochoclo! y ¡papas fritas! (no se me ocurre pensar en nada más ruidoso para comer durante una ópera), dio ese toque de vuelta a las raíces... jijiji.

Y la verdad, la ópera es hermosa, la puesta era fantástica, el vestuario bellísimo, la orquesta estuvo bárbaro, el coro también, y Volonté como Calaf y Eliana Bayon como Liú brillaron tanto como el traje de Turandot.

Hoy Pei, fiel escudera (que me terminó contando sobre una tradicional canción china que está ahí colada en la ópera, y que ella cantaba de pequeña), me saludó vía mail con un "You Tube lo tiene todo". Sí, claro, ya lo sabíamos... Así que aquí comparto con ustedes el link con los montones de videos de distintas partes y versiones de Turandot que está en You Tube.

Eso. Me excedí un poco hoy. Espero no haber sido muy confusa. Ustedes piensen que es como si nos estuvieramos tomando un café y a borbotones sale la emoción por mí boca, y por eso les cuento todo así, desordenado y sin terminar de concretar ideas.

Les saludo con atentitud.
No se duerman!