15.12.06

por qué me gustan las fiestas

(Advertencia: este texto puede herir sensibilidades. si las fiestas les causan conflicto o no les gustan o si la pasan mal en estas épocas, tal vez no deberían leer este texto. por otro lado,e s super cursi. así que tampoco es muy recomendable. de hecho, todavía me estoy preguntando si debería publicarlo...)


Yo tendría que ser de esas personas a las que no les gustan las fiestas o, al menos, a esas a las que no les interesan. Por mi "perfil", digamos. Porque son asquerosamente comerciales; porque son una imposición social que nos obliga a estar felices y contentos es la época del año donde es más difícil porque en realidad estamos agotados y estresados; y (generalmente) a reunirnos con gente con la que quizás no esté todo bien, o incluso hasta esté todo mal. Es una época del año donde se nos recuerdan las falsos valores de familia (esa idea de peli yanki de todo lindo y brillante), en lugar de rescatar lo bello de lo imperfecto (uno no elige la familia a la que viene, pero sí la que puede crear -sea matrimonio o pareja o amigos-, que también será imperfecta, pero al menos será más propia que nada). Es una época del año donde los solos se sienten más solos, aun cuando estén en un cuarto lleno de gente. Y podría seguir, pero me pondría demasiado oscura y no es mi intención. Además, ya saben a dónde apunto...

Sin embargo... no sé. Estuve pensando mucho en esto, en por qué las fiestas me hacen feliz, en porque las disfruto tanto. Llegué a varias conclusiones, muy relacionadas entre sí. La primera es que tuve una primera infancia bastante feliz, con mucho amor. Creo que eso me marcó, me dejó algo... algo que no puedo definir del todo bien... Pero es como si mi parte niña, mi parte que se asombra y que disfruta del mundo, mi pasión por la vida viniera de ahí, de esos primeros años. Y supongo que estas épocas me recuerdan a lo más propio de la niñez: la inocencia, la magia.

Otra cosa sería la importancia que pongo en los demás. Por algún motivo siento que esta época del año se trata de ellos. Ya sean los demás conocidos o desconocidos, ya sea que sólo me pueda "ocupar" de una persona o de miles (y todo esto es un tema muy largo, tal vez lo deje para otra oportunidad), siento que en esta época del año hay que dedicarse a otros. Quien me conozca les podrá decir que no es que en esta época del año me ocupo del resto, porque me lo recuerdan las pelis en la tele, sino que siempre es así. Y, justamente, porque siempre es así, creo que esta es la época en la que podemos celebrar eso.

Lo cual me lleva a los regalos. Me encanta hacer regalos. Cumpleaños, Navidad, Reyes, cualquier día, porque sí. Me gusta elegir cosas que sé que van a significar algo para la otra persona. Que la van a hacer reír o le van a hacer brillar los ojos. Me gusta demostrarles, por medio de un sonso regalo, que les presto atención. Que los escucho. Que sé que les gusta, que les hace falta, que quieren. El presupuesto es lo de menos. Con nada se puede hacer de todo. Además, yo soy muy de hacer regalos con mis manitas. Aun cuando no tenga nada de tiempo, lo encuentro. Me quedo despierta hasta altas horas, duermo poco, lo que sea. Pero lo encuentro.


Y lo último sería el festejo en sí. Cuando era chica hacíamos unas gradísimas fiestas en lo de mi abuela Carmen. Ella cocinaba un montón de cosas ricas, se ponía la mesa grande y una chiquita para los chicos, mirábamos los fuegos artificiales, que apenas se notaban desde ese balconcito en el que estábamos todos apretados. Pero, increíblemente, esto no me dejó la sensación de obligación familiar, sino el absoluto disfrute. Así que cuando se dejó de festejar en lo de mis abuelos, y yo empecé a crecer y eso, empecé a pasar las fiestas con la gente que más quería. Fueran novios o amigos, siempre estuve con la gente que más quería. Y nunca me sentí mal. Supongo que por que a mi vieja no le gusta la obligación de las fiestas, entonces nunca me trasmitió ese valor familiar, ese "tenés que estar con los tuyos, y si no, tenés que sufrir". Y también es cierto que tuve la suerte de siempre estar con gente a la que quería mucho y que me quería mucho. Y creo que nada nos hace más felices o nos llena más que el amor.

Porque aun cuando el mundo se cae, es el amor, de cualquier tipo, el que nos mantiene en pie. Y porque es el amor el que nos da fuerzas para pelear. Y para querer cambiar las cosas. Y hacer lo posible, aunque sea muy poquito lo que podamos dar, pero hacer algo para cambiar las cosas. Porque poquito siempre es mucho en este mundo donde tanto no hacen nada.



(Qué horror de cursi lo que acabo de escribir. Sepan disculpar. Soy una cursi asquerosa y las fiestas me ponen peor. Y, encima, me ponen hippie. Nada peor que una hippie cursi. Ya está, en castigo me voy a ir a trabajar para Cohelo).